Remedios para curar los síntomas de la tos seca y gripe

Es evidente que muchos años atrás, en general, la medicina no era una ciencia tan avanzada como lo es ahora. Además, la no existencia, por ejemplo, de frigoríficos, aveces originaba que los alimentos no estuvieran siempre en buen estado y, en consecuencia, las indisposiciones gastrointestinales eran más frecuentes.

para-curar-los-sintomas-de-la-tos-seca-y-gripeLo mismo ocurría con los trabajos… estos eran más de esfuerzo físico que ahora, y eso quería decir que la gente se lesionaba con más facilidad.
Pues bien, como además, de médicos había pocos, la sabiduría tradicional de las plantas medicinales era un conocimiento indispensable y tenía un uso cotidiano, mediante aplicaciones de ungüentos, friegas, masajes o brebajes varios; para no entrar a hablar de las curaciones que se pretendía atribuibles a las oraciones y ruegos, a partir de la fe.

Si os parece, paso a contaros algunos males y los remedios respectivos que, entonces, aplicábamos para curar y aliviar los síntomas de la gripe o los resfriados.

Remedios para curar los resfriados o síntomas de gripe

  • Convenía poner una cataplasma hecha de manteca de cerdo y papel de estraza. Había que hacer una cataplasma con papel de estraza, bien untado de manteca de cerdo, y aplicarla sobre la espalda o del pecho, a la hora de acostarse. También había quien hacía lo mismo, pero con una hoja de col.
  • Recuerdo que usaban mucho los vahos de eucalipto. Se ponía una olla con agua hirviendo y se metía unas hojas y flores de eucalipto. Al cabo de un rato, el malato – ya preparado y sentado en una silla o en la cama, se tapaba con una manta grande, cabeza incluido, como una pequeña tienda de campaña, con la olla también dentro. Entonces, tenía que respirar el vaho que desprendía el eucalipto un buen rato.
  • Pañuelo o paño impregnado de humo de la flor de saúco. Un modo de alleugerirnos los resfriados era la siguiente: se tenía que coger un pañuelo o trapo, esquitxarlo con un poquito de vinagre, y, encima de unas brasas medio apagadas, se echaban flores de saúco, mientras se aguantaba el paño, aproximadamente unos cuatro dedos por encima, porque se impregnara de humo. Entonces, a la hora de acostarse, se colocaba sobre el pecho. Recuerdo que era muy eficaz.

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